Las Granjas Escuelas como motores sociales

8 May

Concebir las granjas escuelas como un motor social, con una perspectiva sostenible,  ambiental y sobre todo educativa, no como un negocio con el que poder sacar beneficios. Esta es una de las principales conclusiones de la mesa redonda de la segunda sesión de las Jornadas de Turismo Accesible y Sostenible, que se celebran entre el  7 y el 9 de mayo en Ollo, organizadas por la Sociedad Cooperativa de Iniciativa Social Gure Sustraiak.

En concreto, participaron en la mesa redonda representantes de la Granja Escuela Haritz Berri de Ilundain, Naturalia de Ezkiroz y Gure Sustraiak de Ollo, que coincidieron en resaltar que, a pesar de que los inicios de un proyecto de estas características siempre son “muy difíciles”, las granjas escuelas “son necesarias”, con una perspectiva de “responsabilidad social empresarial”.

La sesión comenzó con la intervención de Mikel Lasarte, de la Granja Escuela de Ilundáin, un proyecto que se ha ido profesionalizando, que depende de la Fundación Ilundáin y que lleva a cabo actividades sobre todo con centros escolares centradas en la educación ambiental desde hace más de 25 años. La Fundación cuenta con 130 trabajadores, y la granja organiza, con un patrocinio de Caja Rural, una variedad de programas para trabajar con alumnos conflictivos. En dichas instalaciones  hay más de 400 animales de 60 especies entre los que destacan las razas autóctonas.

Además, se trabaja  también en una huerta, con el bosque y con la temática del cambio climático. Según concretó Lasarte, al cabo del año llegan hasta esta granja escuela unos 90 centros escolares, y de esos unos 70 son clientes consolidados, que repiten todos los años. “También organizamos estancias de varios días, unos 12 grupos al año que vienen  a pasar un par de días, además de campamentos de verano”, explica.

Anualmente más de 6.000 escolares realizan actividades en la Granja, que completan la visita conociendo además un parque con energías renovables y  equipamientos demostrativos, una  estación meteorológica o la huerta.

Así, y según recalcó Lasarte, los costes de mantenimiento de una franja escuela son importantes y aunque “no tenemos pérdidas, tampoco ganancias”, ya que la Fundación Ilundáin es un proyecto sin ánimo de lucro, y a pesar de que “la crisis nos ha obligado a realizar varios reajustes, trabajamos con la misma ilusión del primer día”.

Por último, y de cara al futuro, Lasarte planteó la necesidad de mejorar los recursos educativos, desarrollar  nuevos programas para consolidar los campamentos de día en verano, y fines de semana y conseguir la autonomía económica. Y concluyó: “los animales presentan muchas oportunidades para tratar problemas y en nuestro caso prima la atención social a los jóvenes con dificultades sociales, por eso trabajamos creyendo en lo que hacemos”.

Por su parte, Iñaki Martínez fue el encargado de presentar Naturalia de Ezkiroz, una pequeña Granja Escuela didáctica que es probablemente  la  más pequeña de toda España de estas características. Con algo más de 4.000 metros cuadrados, la idea inicial de este proyecto, que nació hace 17 años, es representar las viviendas domésticas que servían para la subsistencia del hogar. La granja acoge  vacas, caballos,  ovejas, conejos y todo tipo de aves y la actividad se centra en la enseñanza  para escolares, sobre todo de Educación Infantil.  Al cabo del año pasan unos 6.000 alumnos y según destacó Iñaki, la apuesta es siempre “por una  experiencia totalmente sensitiva, con pocas explicaciones”. El resultado es positivo, ya que según subraya, “los niños entran tapándose la nariz porque huele mal y se van queriendo ser granjeros”.

Además de las granja,  también se desarrollan  programas bosque, salidas al exterior para conocer el medio, campañas para plantar y apadrinar árboles o programas de divulgación ambiental. En total, unas 10.000 personas participan en todas las actividades al cabo del año.  La gestión de la granja  es familiar, con el apoyo de monitores para actividades puntuales, y con el problema siempre de la estacionalidad. Sin embargo, y según recalca Iñaki, “la ilusión no cambia, porque trabajar con niños siempre es bonito y muy gratificante”.

Por último, también se expuso el caso de Gure Sustraiak, una cooperativa de iniciativa social, sin ánimo de lucro, que trabaja en el valle navarro de Ollo desde hace ya más de 10 años y que recibe al año a más de 3.000 escolares. Su fin último es seguir avanzando en la educación ambiental y en un turismo y ocio sostenible, inclusivo y adaptado a las personas con necesidades especiales a través, entre otras actividades, de su granja-escuela.

En la actualidad, ofrece diferentes ofertas educativas dirigidas a escolares y al público en general: el Programa Granja, donde conocer a los animales y su cuidado, así como la procedencia de los diferentes alimentos saludables para el consumo humano y realizar talleres de pan y reciclaje; Programa Bosque para el estudio de los ecosistemas de la zona con taller de papel, cajas nido reciclados y cremas con plantas medicinales y velas; Programa Huerto Ecológico, con especial atención a las técnicas de agricultura sostenible y biológica y el Programa Energía y uso de los recursos sobre el consumo energético y de agua en las actividades cotidianas.  Además han desarrollado un nuevo programa de Escuelas-Centros Sostenibles para trabajar la educación ambiental, de forma práctica, en las aulas de los propios centros escolares.

Taller de trabajo: La calidad

Tras la mesa redonda, la jornada continuó con la intervención de Antxón Arza, padrino de Gure Sustraiak y presentador de Al filo de lo imposible, que realizó un pequeño resumen de su trayectoria personal como deportista, aventurero y también como empresario al frente de  Ukan kayak, un negocio dedicado a la venta de piraguas. En su ponencia puso de relieve el concepto de calidad que, a su juicio, se resume en la “ilusión, en las personas, en el trabajo diario” y cuyo mejor control es “comprobar que tus clientes vuelven”.

Más allá de normativas, sellos, reconocimientos y manuales de buenas prácticas, Arza considera que los protocolos pueden venir bien  para organizar, “pero todo tiene unos límites”.  En su opinión, “no hace falta alas volar” y el mejor ejemplo es él mismo, que sigue realizando sus excursiones a la montaña a pesar de que estar en una silla de ruedas tras sufrir un accidente.

“Las herramientas de evaluación pueden ser necesarias de vez en cuanto, pero lo importante es que los chicos que visiten estas granjas interioricen, asimilen”, subrayó Arza para concluir que “la clave es que lo que hagamos a la gente les sirva de algo, ser convincentes e innovadores”.

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