“Tenemos muchas cosas que agradecer a Milka”

11 May

Llevar a Milka supone una responsabilidad y sentirse útil. Abrazarla o dejarse lamer establecer la relación con un ser vivo. Dejarse guiar por ella mayor seguridad. Superar un abismo para algunas personas, un comportamiento natural para una perra.

El Centro de día Monjardín, situado del recinto de Casa Misericiordia, está orientado a personas adultas con discapacidad intelectual severa y profunda. “No queríamos que fuese un centro asistencial por lo que buscamos hacer terapias innovadoras y mil posibilidades para acceder a cada uno de ellos”, aseguró Pilar Gogorcena, su directora, a través “del apoyo conductual positivo que se busca la integración y la normalización”.

“Hay que mirarse frente a frente”, lo que supone un trato entre iguales aunque con capacidades diferentes y la inserción de cada persona en el grupo. Un paso muy importante es la ruptura del aislamiento que conlleva este tipo de discapacidades. “Cuando se habla de modificación de conducta tiene connotaciones negativas pero se trata de modificación de conducta con amor, a través del refuerzo positivo”, insistió. “Los aspectos positivos se deben reforzar, pero hay que entenderlo bien, no se trata de un premio material, ya que es muy importante evitar el chantaje”. Tampoco se logra nada con “el castigo o el tiempo fuera”.

De esta forma se podrá romper la dinámica de las llamadas conductas desafiantes, que pueden suponer por ejemplo el desnudarse en público, gritar o mostrar agresividad, que son una reacción ante la falta de adaptación del entorno. Se trata de intentos comunicativos malogrados de ahí la importancia de encontrar otros canales.

“La intención comunicativa no tiene porque estar relacionada con la comunicación verbal”, indicó, ya que una gran parte de sus usuarios tienen grandes dificultades para establecer contacto. “Teníamos que buscar algo que nos ayudara y lo hemos encontrado en el trabajo con animales”, un tipo de interrelación que ya comenzó a estudiarse en el siglo XIX. El gran salto llegaría en los años 50 al desarrollarse la psicoterapia con animales.

En el Centro Monjardín lo han podido comprobar de forma práctica a través de Milka. “Los animales son los únicos que detectan las limitaciones de nuestros usuarios”, además aportan seguridad y potencian la responsabilidad. A lo que añadió, “no necesitan utilizar palabras para transmitir su afecto y no juzgan, mientras que los humanos tendemos a hacer jerarquías a partir de la inteligencia y la belleza”. Suponen una fuente de estimulación sensorial y reducen los comportamientos agresivos. “A las personas con discapacidad intelectual, que en muchos casos han sufrido abusos físicos, les devuelve la seguridad en el contacto”.

De esta forma Milka participa en una terapia para reducir conductas desajustadas incrementando las relaciones interpersonales, la autonomía y la autoestima. Y se ha ganado el afecto de quienes trabajan en el Centro y de quienes lo utilizan.

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